En el último tiempo, los desastres naturales se han sucedido uno tras otro. Las imágenes que vemos en diarios y noticieros al respecto parecen venir de un campo de batalla, solo que en esta ocasión la guerra es entre la naturaleza y la humanidad.
El 12 de enero, un terremoto de magnitud 7 en la escala Richter acabó con las vidas de más de 200.000 haitianos, dejando al país en ruinas. Poco más de un mes después, otro terremoto, esta vez de 8,8 en la escala Richter, afectó el 80% de Chile con su impresionante magnitud capaz incluso de alterar el eje terrestre. Sus numerosas réplicas y temibles tsunamis siguen generando pánico en varios países.
El mismo fin de semana en que ocurrió el terremoto en Chile, varios países europeos sintieron la furia de Xynthia, una fuerte tormenta con vientos huracanados y lluvias torrenciales que dejó un saldo de decenas de muertos, demostrando que incluso los países más poderosos del mundo son insignificantes al enfrentar a la naturaleza.
2009 también estuvo repleto de desastres naturales, terremotos, tsunamis, tifones, inundaciones y tormentas de nieve que azotaron gran parte del planeta.
Numerosos estudios posteriores al huracán Katrina de 2005 dan cuenta que la frecuencia de huracanes y catástrofes naturales ha crecido notablemente respecto a los registros históricos y continúa en aumento. ¿Qué está pasando con el planeta?
Algunos científicos afirman que en el pasado remoto hubo períodos similares de cataclismos que convivieron con los seres humanos. La Biblia habla de una gran inundación, cuya causa se relaciona íntimamente con un intenso decaimiento moral de la humanidad. Los científicos presentan evidencias convincentes de la ocurrencia real de esta catástrofe, como son las muchas ciudades encontradas en el fondo oceánico. A partir de tales hallazgos, algunos ya están comenzando a reconsiderar la Biblia como un valioso registro histórico, más que mitológico.
Después del aumento de todas estas calamidades, algunas personas ya comienzan a preguntarse «¿Qué nos está intentando decir la naturaleza?» Sin embargo, no todos pueden ver directamente la conexión entre los desastres naturales y el decaimiento general en los valores morales del ser humano.
Tal vez, lo que estos fenómenos nos están tratando de decir es que mente y materia no son tan distintas y siempre hay una consecuencia de nuestros actos, sea individual o globalmente. El hombre erróneamente ha supeditado el concepto de «bueno» y «malo» al propio pensamiento y al interés personal y, en consecuencia, ya no se detiene ante ninguna maldad. Por lo tanto, lo bueno y lo malo están severamente invertidos. La violencia, la mentira y el odio parecieran justificadas al igual que los crímenes, la falta de moral, de ética y de respeto son cotidianos. Este estado al que ha caído la humanidad, finalmente se está reflejando en el mundo en que vivimos.