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Si un asteroide gigante entrara en
colisión con la Tierra, no sería la culpa
de nadie.
No se puede decir lo mismo con respecto al calentamiento
de la atmósfera.
Hay una injusticia
fundamental en el problema del cambio climático, que exacerba
a las relaciones ya problemáticas entre las naciones ricas
y pobres. Los países con los niveles de vida más altos han
sido los más responsables (aunque inconscientemente) del
aumento de los gases de efecto invernadero: las primeras
regiones industrializadas (Europa, América del Norte, Japón
y otras) consolidaron su riqueza en parte dejando escapar
a la atmósfera grandes cantidades de gases de efecto invernadero,
mucho antes de que se conocieran sus consecuencias probables.
Los países en desarrollo ahora temen que se les diga que
deben limitar sus actividades industriales en ciernes, puesto
que la atmósfera ha llegado a su límite de tolerancia.
Habida cuenta
de que las emanaciones derivadas de la utilización de energía
constituyen la causa principal del cambio climático, habrá
una creciente presión para que todos los países reduzcan
el consumo de carbón y petróleo. También habrá presiones
(e incentivos) para que se adopten tecnologías avanzadas
tendientes a limitar los perjuicios en el futuro, pero el
costo de éstas puede ser elevado.
Los países
que se hallan en las primeras etapas de industrialización
y que bregan para ofrecer una mejor vida a sus habitantes
no quieren este tipo de cargas adicionales: el desarrollo
económico ya es suficientemente difícil. ¿Cómo podrían progresar
si aceptaran disminuir el uso de los combustibles fósiles,
que son los más baratos, convenientes y útiles para las
industrias?
Hay otras injusticias
que van aparejadas al problema del cambio climático. Los
países del mundo en desarrollo serán probablemente los que
más sufran si se confirman las consecuencias previstas (desplazamiento
de zonas agrícolas, aumento del nivel del mar y variaciones
en el régimen de lluvias). Estos países simplemente carecen
de los recursos científicos y económicos o de los sistemas
de seguridad social necesarios para hacer frente a las repercusiones
de la perturbación del clima. Además, en muchos de esos
países el rápido crecimiento demográfico ha obligado a muchos
millones de personas a asentarse en tierras marginales y
son precisamente éstas las que pueden padecer los efectos
más drásticos de las variaciones climáticas.
Respuesta
de la Convención
Atribuye a los países ricos la mayor cuota de responsabilidad
en la lucha contra el cambio climático ... y la parte del
león de la factura a pagar. La Convención toma nota
de que la mayor parte de las emisiones del pasado y las
actuales tienen su origen en los países desarrollados. Su
principio cardinal es que estos países deben encabezar la
lucha contra el cambio climático y sus impactos adversos.
El tratado enuncia obligaciones específicas en materia de
transferencias financieras y tecnológicas que se aplican
únicamente a los 24 países desarrollados que son miembros
de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos
(OCDE) (con excepción de México, que se adhirió a la OCDE
en 1994). Éstas han acordado apoyar las actividades relativas
al cambio climático en los países en desarrollo, proporcionando
un apoyo financiero adicional a toda asistencia financiera
que ya presten a esos países.
Obligaciones
específicas de limitar las emanaciones de los gases de efecto
invernadero y acrecentar los sumideros naturales recaen
en los países de la OCDE y en los 12 países con "economías
en transición", es decir, los países de Europa Central y
del Este y la antigua Unión Soviética. Aunque las negociaciones
concluyeron en un texto poco claro, se acepta en general
que para el año 2000 los países de la OCDE y los países
con economías en transición deben intentar reducir sus emisiones
de gases termoactivos por lo menos al nivel que tenían en
1990.
Reconoce
el derecho de las naciones más pobres al desarrollo económico.
Observa que la contribución de los países en desarrollo
a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero
irá en aumento a medida que éstos amplíen sus industrias
para mejorar las condiciones sociales y económicas de sus
habitantes.
Admite la
vulnerabilidad de los países más pobres a los efectos del
cambio climático. Uno de los principios esenciales de
la Convención es que las medidas que se adopten deberán
reflejar una "plena consideración" de las necesidades y
circunstancias específicas de los países en desarrollo,
en particular aquellos cuyos frágiles ecosistemas los hacen
altamente vulnerables al cambio climático. La Convención
reconoce también que los Estados que dependen de las exportaciones
de carbón y petróleo experimentarán dificultades si varía
la demanda de energía.
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