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Si todo el
mundo empezara a consumir más y a darse la buena
vida, ¿podría soportarlo nuestro planeta?
A medida que la población mundial aumenta,
se incrementa la demanda de los recursos naturales, que
se acentúa aún más con el rápido aumento del número de individuos
que también quieren vivir mejor: más y mejor comida; mayor
cantidad de agua y más limpia; más electricidad, refrigeradores,
automóviles, casas y apartamentos; terrenos en los que construir
esas casas y apartamentos...
Ya se plantean
problemas graves para abastecer de agua potable a los miles
de millones de habitantes de todo el mundo. Las poblaciones
en vías de expansión están agotando el agua de ríos y lagos
y los grandes mantos acuíferos subterráneos están disminuyendo
constantemente. ¿Qué haremos cuando estos depósitos naturales
se vacíen? También hay problemas para cultivar y abastecer
a todos de suficientes alimentos: testimonio de ello son
las extensas hambrunas registradas en muchas partes del
mundo. Hay otras señales de alarma: el volumen de pesca
mundial se ha reducido considerablemente; a pesar del tamaño
de los océanos, las especies más valiosas se han pescado
tan eficazmente que han desaparecido.
El calentamiento
de la atmósfera es un ejemplo particularmente ominoso del
insaciable apetito del hombre por los recursos naturales.
En el curso del siglo pasado hemos extraído y quemado depósitos
ingentes de carbón, petróleo y gas natural que llevaron
millones de años en acumularse. Nuestra capacidad para quemar
combustibles fósiles a un ritmo muchísimo más rápido que
lo que llevó crearlos ha perturbado el equilibrio natural
del ciclo del carbono. La amenaza del cambio climático se
presenta porque una de las pocas formas en que la atmósfera,
que también es un recurso natural, puede reaccionar ante
las vastas cantidades de carbono liberado del subsuelo terrestre,
es calentarse.
Entretanto,
las expectativas del hombre no menguan sino que van en aumento.
Los países del "Norte" industrializado representan el 20%
de la población mundial, pero utilizan alrededor del 80%
de los recursos de la Tierra: para las pautas mundiales,
viven sumamente bien. Es agradable llevar una buena vida,
pero si cada persona consumiera tanto como los americanos
del norte o los europeos occidentales -y eso es a lo que
aspiran miles de millones de personas- probablemente no
habría suficiente agua potable y otros recursos naturales
vitales para todos. ¿Cómo podremos satisfacer esas crecientes
expectativas cuando ya el mundo se halla bajo tanta presión?
Respuesta
de la Convención
Apoya el concepto del "desarrollo sostenible". La humanidad
tiene que aprender de alguna manera a aliviar la pobreza
de un enorme y creciente número de personas sin destruir
el medio natural del que depende toda la vida humana. Deberán
hallarse nuevas pautas para que el desarrollo económico
sea sostenible a largo plazo y el término clave que circula
entre ambientalistas y burócratas internacionales para enfrentar
este reto es el de "desarrollo sostenible". La solución
sería idear métodos que nos permitieran vivir bien utilizando
los recursos naturales críticos a un ritmo que no supere
el que sea necesario para su reposición. Desafortunadamente,
la comunidad internacional está mucho más avanzada en definir
los problemas que plantea el desarrollo sostenible, que
en concebir la forma de resolverlos.
Alienta
a fomentar y compartir las tecnologías y los conocimientos
prácticos ambientalmente idóneos. La tecnología desempeñará
sin duda un papel primordial en la lucha contra el cambio
climático. si somos capaces de concebir fórmulas prácticas
para utilizar fuentes de energía menos contaminantes, como
la energía solar por ejemplo, podremos reducir el consumo
de carbón y petróleo. La nueva tecnología con la misma cantidad
de recursos podrá hacer que los procesos industriales sean
más eficientes, la purificación del agua más viable, y la
agricultura más productiva. Tal tecnología deberá estar
al alcance de todos: de alguna forma los países más ricos
y científicamente más avanzados deberán compartirlas con
las naciones más pobres, que tanto las necesitan.
Hace hincapié
en la necesidad de informar al público acerca del cambio
climático. Los jóvenes de hoy y las generaciones futuras
deberán aprender a observar el mundo desde una perspectiva
diferente de la que ha prevalecido durante el siglo XX.
Esta es una vieja idea, que también hoy es de actualidad.
Muchas culturas preindustriales (¡no todas!) vivían en equilibrio
con la naturaleza; hoy las evidencias científicas nos enseñan
que debemos hacer lo mismo. El desarrollo económico ya no
es más un asunto de "cuanto más grande, mejor"; automóviles,
casas, captura de peces, volúmenes de petróleo y carbón
más grandes. Debemos dejar de considerar el progreso del
hombre como una cuestión de imponernos a nuestro medio natural.
El mundo, es decir, el clima y todos los seres vivos, es
un sistema cerrado: todo lo que hacemos tiene repercusiones
que en última instancia nos afectarán. Los niños de mañana
- y desde luego los adultos de hoy - tendrán que aprender
a considerar las consecuencias de sus acciones sobre el
clima; cuando tomen decisiones como integrantes del gobierno
o del sector empresarial o en el ámbito de la vida privada
deberán tener en cuenta el sistema climático.
En otras palabras,
tendrá que cambiar el comportamiento humano y probablemente
cuanto antes mejor. Sin embargo, ello es difícil de prescribir
y pronosticar: tómese, por ejemplo, la cuestión de determinar
los sacrificios que incumben a cada individuo para preservar
el clima mundial. Ello nos conduce al siguiente problema.
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