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¿Quién tiene la energía,
el tiempo o el dinero suficiente para hacer frente al cambio
climático, cuando hay que resolver tantos otros problemas?
Respuesta de la Convención
Ha empezado con cautela y por el momento no plantea demasiadas
exigencias (o requisitos); pero estén alerta. La Convención
Marco sobre el Cambio Climático es un tratado general con
sólo unos pocos requisitos específicos; luego podrán agregarse
otros y de mayor alcance, en forma de enmiendas y protocolos.
Ello ocurrirá a medida que avancen los conocimientos científicos
respecto al cambio climático y cuando la comunidad internacional,
que ya manifesta una reacción de "cansancio ante los desastres",
se haga a la idea de que debe enfrentar otra crisis y sufragar
sus costos. Guerras, hambrunas, el SIDA, el "agujero" en
la capa de ozono, las lluvias ácidas, la pérdida de ecosistemas
y especies... con todos estos problemas, es comprensible
que haya quienes se preguntan si no es mejor tirar la toalla.
Por supuesto que no podemos darnos por
vencidos, y si bien la Convención no puede pretender que
todo se ha solucionado, significa sí un comienzo y algunos
hechos lo atestiguan: los países desarrollados están preparando
sus planes nacionales con objeto de reducir para el año
2000 sus emisiones de gases de efecto invernadero al nivel
de 1990 invirtiendo así la tendencia histórica al aumento
constante de las emanaciones. Los países que han ratificado
el tratado están empezando a recopilar datos sobre sus emisiones
y el clima actual y es cada vez más frecuente que el público
y los gobiernos hablen y reflexionen acerca del cambio climático.
¿Qué ocurrirá luego? Poco a poco los
gobiernos que se comprometieron a controlar sus emisiones
han de comenzar a establecer criterios de emisión más estrictos
y a exigir una mayor reforestación. Algunos países ya están
dedicados a tales actividades. También desempeñarán una
función importante a administraciones locales y urbanas,
que a menudo, tienen responsabilidad directa en las esferas
del transporte, la vivienda, gestión de desechos y otros
sectores económicos generadores de gases termoactivos. Por
ejemplo, pueden empezar a concebir y construir mejores sistemas
de transporte público y ofrecer incentivos para que la gente
los utilice en lugar de sus automóviles y hacer más estrictas
las normas de construcción para que las nuevas casas y edificios
de oficinas puedan calentarse o refrescarse con menos combustible.
Entretanto, las empresas industriales tendrán que empezar
a adoptar nuevas tecnologías que utilicen los combustibles
fósiles y materias primas de forma más eficaz, y deberán
optar, siempre que sea posible, por fuentes de energía renovables,
como la energía eólica o solar. Deberán asimismo adoptar
nuevos diseños y fórmulas para los refrigeradores y automóviles,
Las mezclas de cemento y los fertilizantes, de manera que
generen menos emisiones de gases de efecto invernadero.
Los agricultores deberán buscar las tecnologías y métodos
que reduzcan las emisiones de metano procedentes del ganado
y los arrozales. Los simples ciudadanos también han de disminuir
su consumo de combustibles fósiles, por ejemplo, utilizando
más a menudo el transporte público, evitando dejar la luz
encendida en habitaciones vacías, y despilfarrando menos
los recursos naturales.
Puede parecer ingenuo esperar que se
logren cambios de comportamiento de esa magnitud. Sin embargo,
es posible asumir una conducta más responsable en defensa
del clima. Es probable que con el paso del tiempo y cuando
se conozcan más a fondo los peligros del cambio climático,
tales medidas resultarán mucho menos cándidas y más vitales
para asegurar el bienestar de la humanidad.
Uno de sus principios es repartir
la carga de la lucha contra el cambio climático. Este
punto es importante. La atmósfera es un recurso común que
forma parte del "patrimonio de la humanidad", y el tratado
vela por que todo sacrificio realizado para proteger dicho
recurso sea compartido de manera equitativa entre los países,
de conformidad con sus "responsabilidades comunes pero diferenciadas,
sus capacidades respectivas, así como sus condiciones sociales
y económicas". Ello significa, al menos así lo esperan los
Estados Partes, que las acciones que en definitiva deban
emprenderse, serán compartidas por un número suficiente
de participantes para que los sacrificios valgan la pena.
Es más fácil sacrificarse por una causa común cuando se
está seguro de que todos colaboran.
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